viernes, 24 de mayo de 2013

"Anatomía de un Asesinato" de Otto Preminger (1959)


    


    Esto de que los Oscar sean puro negocio, no es de ahora. No hemos descubierto con esto la penicilina. No es nuevo el hecho de que superproducciones se lleven sacos de Oscars, mientras dejan, si no en el olvido, en un segundo lugar grandes historias llevadas al cine. Este es el caso de Ben-Hur y Anatomía de un Asesinato.


    La adaptación al cine de esta novela, nos deja entrever que no siempre hay un blanco o un negro. Nos enseña un caso de asesinato, donde no sabemos si la víctima es tan víctima o, el falsamente acusado tan falsamente acusado. Donde las apariencias hacen mucho a la hora de juzgar y nos muestran que siempre tenemos esos pequeños prejuicios sobre unos u otros por la forma de ser más que por sus actos cometidos en determinados momentos. 

    Es la forma de tratar la trama y el hecho de no usar Flashbacks en las declaraciones de los testigos, lo que da un toque de originalidad a la película, porque de primeras la historia no pasaría por ser nada nuevo ni en sus tiempos. De originalidad y de ambigüedad ante los personajes, porque cuando termina la película tenemos la sensación de que los personajes tienen y esconden mucho más que los típicos made in Hollywood. 

    Un gran abogado deseoso de volver a encontrar la magia que un día perdió, un ayudante que por avatares del destino se echó a la bebida y que con la confianza del abogado encuentra un motivo para centrarse, un fiscal ambicioso, un marido celoso acusado de asesinato y una mujer que le da motivos de sobra para estar tan celoso. Las interpretaciones de James Stewart, Arthur O’Donell, George C. Scott, Ben Gazzara y Lee Remick, hacen que estos personajes puedan ser tan complejos pareciendo de tan de plantilla de primeras.

Vicente Martínez

Nota de Vistecheap


    El traje, tal y como lo conocemos hoy en día, tiene su origen en Inglaterra. Se hacían a mano por los maestros de sastrería, quienes cogían aprendices a partir de los 12-14 años, y les comenzaban a enseñar el oficio. Debían pasar al menos cuatro años hasta obtener la categoría de oficiales. Era curioso saber que se confeccionaba la chaqueta de un tejido y el pantalón y el chaleco de otro. Aunque empezaba a despuntar el traje como una prenda de uso cotidiano, la elegancia la seguían marcando los trajes de etiqueta como el esmoquin, el chaqué o el frac.
    Allá por los años 30, el traje empiezan a tomar las medidas y hechuras tal y como lo conocemos en la actualidad. De hecho, los patrones de aquella época aún se consideran válidos en la actualidad, con las modificaciones pertinentes que la moda y el nuevo ritmo de vida han impuesto hoy.
    Una de las mayores evoluciones que se ha dado en el traje es el pantalón. En un principio se vestía un pantalón corto, por debajo de la rodilla, pero que no llegaba hasta el zapato, dejando ver al completo los calcetines. Eran una especie de pololos o bombachos. También a principios de 1900 se vestían chaquetas o levitas largas, que se fueron acortando para darles mayor comodidad.
    A partir de finales del siglo XIX y principios del XX, se alarga el pantalón, y empiezan a tomar las medidas, tal y como los conocemos en la actualidad.
     Los trajes más elegantes son los de colores oscuros como negros, grises oscuros o azules oscuros (tipo azul noche). Los trajes de otros colores, según el manual del perfecto "gentleman" se dejaban para los fines de semana y otras ocasiones menos formales (verdes, marrones, etc.).
    La moda inglesa, mucho más clásica, mantiene las hechuras desde hace décadas, mientras que franceses y sobre todo italianos, imponen nuevas formas y nuevas innovaciones en el traje masculino.
  Se utilizan principalmente, lanas, de gran "pesaje" con tejidos muy tupidos, que actualmente han evolucionado a una gran diversidad de tejidos, mucho más ligeros. Otra de las características de la moda actual, es la pérdida de terreno de la sastrería a medida, en favor de la moda de serie o comercial.
    Aunque cabe destacar, que aún existen sastres y sastrerías de reconocido prestigio internacional como Gieves & Hawkes, en Londres o Savile Row, donde se viste el Príncipe Carlos de Inglaterra.
   A parte de la confección, es muy importante que el traje se confeccione con telas de gran calidad, en el que la reina sigue siendo la lana, en todas sus variedades, consiguiendo excelentes resultados en trajes para cualquier temporada.

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