Todavía con la resaca de los Oscar, y sin haberse alzado con tanta estatuilla como se esperaba, hemos decidido empezar la sección con esta película. Sobre todo habiendo estado nominado al Oscar a mejor vestuario un diseñador español, Paco Delgado.
La verdad es que cuando fui a verla el día de su estreno, no esperaba que me fuera a gustar tanto. Aunque reconozco que me gustan los musicales, y puede que eso influyera, bien es verdad que ya había visto antes diferentes versiones del clásico de Victor Hugo que me habían parecido más lentas e, incluso alguna, infumable.
Jan Valjena, tras haber cumplido condena, intenta rehacer su vida al encontrar en la piedad de un sacerdote la esperanza de comenzar de nuevo alejado de la delincuencia. Esta nueva vida le lleva a ayudar a todo el que tenga a su lado, incluso adoptando a la hija de una joven mujer obligada a prostituirse para poder mantenerla. Sin saber que, aunque pasen los años, Javert, un oficial de la policía, será su sombra y azote a lo largo de todo el país.
La obra hace un análisis sobre el bien y el mal, la política, la religión y el deber, dentro de una difícil época en la Francia del siglo XIX, llegando incluso a verse envueltos los protagonistas en la Revolución de 1830.
Tom Hooper sabe dirigir perfectamente a un estupendo elenco de actores y actrices, en el que ha destacado, de cara a las críticas, el papel de Anne Hathaway, aunque personalmente, al haberla visto antes cantar y bailar, no me sorprendió tanto como un magnifico Russel Crowe que, acostumbrados a verlo haciendo de rudo, hace un gran papel dando vida a un hombre atormentado entre la verdadera justicia o la justicia impuesta por el sistema legal establecido. Destacado el papel del nominado Hugh Jackman y encontramos a unos excéntricos Sacha Baron Cohen y Helena Bonham Carter en la parte más cómica de esta más que recomendable versión de la novela símbolo del romanticismo francés.
A la hora de ser crítico, sólo el intento de conseguir una estética angelical en los personajes de Maurice y Collete, provocando un poco de grima en esa forzada perfección bajo el aspecto de querubines.
Vicente Martínez



